Mis casas y la okupación.

Las casas. Algo tremendamente esencial. Todos necesitamos un techo debajo del que dormir. Sin ello, no tenemos una buena calidad de vida. Es lo mínimo que necesitamos para estar relativamente bien.
A pesar de ello, hay muchas personas que no disponen de una vivienda en la que vivir. Eso es tremendamente entristecedor. Imaginémoslo por un momento. Vivir bajo un puente, sin tener un sitio fijo en el que descansar, vagando sin rumbo de un lugar a otro.
¿Haríais lo que fuera por conseguir un techo? ¿Robaríais, engañarías, rogarías o incluso okuparías? ¿Está todo justificado para la supervivencia?
Vamos primero a hablar de los términos importantes. La propiedad y el derecho a una vivienda digna.
La propiedad es algo discutido a lo largo del tiempo de manera muy extensa, desde Adam Smith, Marx y hasta otros autores como Keynes. La primera pregunta que surge es, ¿por qué tiene que haber propiedad? Sencillamente, porque no hay de todo para todos. Si los bienes fueran como el aire, ilimitados y cualquiera puede acceder a ellos, no tendría que existir el concepto de la “propiedad”.
Por desgracia, esto no es así. No existen naranjas ilimitadas, no existen vacas ilimitadas, y, obviamente, no hay casas ilimitadas. Así que, hay que asignar recursos de alguna manera. Para ello, hay que hacer una de las siguientes opciones: o asignamos los recursos de manera unilateral (gobierno, es decir, comunismo) o asignamos los recursos a través de un sistema de intercambio de estos mismos bienes escasos (capitalismo). Probablemente haya alguna otra manera, pero nunca se ha aplicado otra a la vida real.
Probemos con la primera opción, igual que la Unión Soviética. Parece una manera de conseguir que todo sea asignado de manera eficiente y justa. Todo el mundo está feliz y vivimos en DisneyLand. Sin embargo, debido a la gran burocracia, la incapacidad del ser humano de ser incorruptible y, lo más importante, la falta de incentivos para ser productivo (si ya lo tengo todo y no puedo progresar más allá, ¿para qué esforzarme por hacer bien mi trabajo?) provocan la caída inevitable de este sistema.
Pasemos al sistema de intercambio. Aquí las personas necesitan algo para poder valorar las cosas según su escasez y cuánta gente lo quiere (porque la escasez depende solamente de la demanda, no de la cantidad real de algo). Para valorar todo de la misma manera, es decir, poder analizar la escasez de las cosas respecto a su demanda, se necesita una métrica con la que valorar. Esta métrica creada se llama (quizás hayáis oído hablar de ello) el dinero.
Con el dinero podemos valorar de la misma manera un huevo que una casa. Nos permite decidir cuánta escasez relativa hay de algo según cuántas personas la quieren.
Este sistema tiene algunos problemas, obviamente: crea desigualdades sociales, fomenta la especulación, crea ciclos económicos, y un largo etc. Sin embargo, es la mejor manera que tenemos hasta ahora para decir cómo se tienen que distribuir los bienes.
Debido a la desigualdad que crea este sistema, hay personas con 10 casas y algunas con ninguna. ¿Es esto justo?
Decidir si algo es justo o no es muy relativo, todo depende de cómo se mire.
Si lo miramos desde un punto de vista económico, sí, es completamente justo. Una persona que ha amasado (o generaciones anteriores suyas han amasado) una mayor riqueza, tiene el derecho a gastar su fortuna como le plazca, si es en inversión en viviendas, perfectamente puede. Esto se debe a que a través de la creación de su riqueza (supuestamente) ha aportado un mayor valor y productividad económica a la sociedad, afrontando también un mayor riesgo, que a su vez puede llevar a una mayor recompensa.
Desde un punto de vista ético, la respuesta no es un no rotundo, sino un depende. Se tendría que mirar caso a caso. Pongamos el caso de un hombre que es multimillonario. Con el dinero, se le abrió un mundo de posibilidades en el mundo del ocio. Comenzó a distribuir su fortuna entre prostitutas, drogas y casinos, llevándole a una ruina total, teniendo que vender su casa para poder pagar deudas a camellos. ¿Es justo que este hombre se haya quedado sin casa?
Y ahora pongamos el caso contrario. Un hombre, que apenas había podido llegar a fin de mes la mayoría de su vida, va a un bar a tomarse una cerveza. Por casualidades del destino, compra un décimo de lotería. Resulta que ese décimo es el ganador, y ahora es multimillonario. En un acto altruista, compra 10 casas para poder alojar a refugiados de guerra. ¿Es justo que este hombre tenga 10 casas?
Ninguno de los dos casos tiene una respuesta clara, por dos razones:
- Por muy mal que obres, deberías poder encontrar cobijo.
- La lotería no es justa, da un ganador de manera aleatoria, no se ha ganado nada la persona por muy altruista que sea.
Debido a la primera razón, surgió el concepto de “derecho a una vivienda digna”. Este derecho entra en conflicto con el primer concepto que hemos comentado, la propiedad.
La pregunta que más se hace hablando de okupación es: ¿cuál prevalece sobre cuál? ¿Prevalece el derecho de mantener mis casas o el derecho de que las personas tengan que tener una vivienda digna?
Considero que la pregunta no es correcta. Por la sencilla razón de que ninguna tiene que prevalecer sobre la otra, debido a un hecho que tiene que ver directamente con la propiedad: los impuestos.
Partimos de la base de que la propiedad privada ya está vulnerada con los impuestos (nos parezca esto mejor o peor, es así), ya que no nos dan la opción de elegir qué hacemos con nuestros ingresos, simplemente lo usa el estado como lo cree necesario.
Ya que el derecho a la propiedad privada ya ha sido atacado, no es necesario atacarlo otra vez. Estos impuestos pueden y deben ser usados para el bienestar de la sociedad, deben contribuir al bien común. El bien común incluye, cómo no, el derecho a la vivienda digna. A través de la construcción de albergues y comedores sociales se puede paliar el fallo de la economía de mercado que crea la desigualdad. No sólo eso, sino que esto puede salir rentable a largo plazo.
Si proporcionamos un hogar seguro a estas personas, es más fácil no caer en la delincuencia callejera, además de que, con un programa de integración social, se les puede introducir al mercado laboral, obteniendo así un retorno a las arcas del estado que tanto necesitan llenarse.
Por lo tanto, no es necesario que prevalezca ningún derecho sobre otro, solamente es necesario que los recursos obtenidos a través de los impuestos realmente sean usados para reducir la desigualdad en la sociedad.
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