El problema de la universidad

Nace. Crece. Pasa el colegio y el instituto. Ves a la universidad. Sácate una buena carrera. Consigue un trabajo que te permita vivir (que no es poco). Si te sobra algo de dinero, ten un hijo. Jubílate. Y ahí ya si que te puedes morir.
Vemos la etapa de estudio universitario como algo indispensable. Como algo propio del ciclo vital de alguien. ¿Por qué? Porque si no estudias, no vas a conseguir un buen trabajo. Y si no consigues un buen trabajo, no vas a vivir bien. Y ahí está verdaderamente el problema.
Las universidades, a lo largo de la historia, han sido el lugar donde se concentraba todo el conocimiento de la época. Estas instituciones servían para las personas que buscaban ansiadamente el conocimiento como el sediento busca el agua. Ahí acudía quién quería realmente conocer las diferentes áreas del conocimiento, desde las humanidades (literatura, historia, política…) hasta las ciencias naturales (física, química, biología…)
Comparemos su propósito inicial como institución del saber a su resultado actual. Pocos hay que realmente vean la universidad así, sino que ahora ha pasado a ser el paso intermedio entre salir del instituto y llegar a la vida laboral. Es un centro de entrenamiento intensivo para conseguir trabajo. De las universidades valoramos su tasa de inserción en el mercado laboral, sus conexiones a la hora de hacer prácticas y el sueldo que nos proporcionará la carrera estudiada.
Ahora, ¿es esto malo? No intrínsecamente. No hay nada de malo en que haya un lugar que te prepare y especialice para un puesto concreto de trabajo; sin embargo, ese lugar no deberían ser las universidades, sino los centros de formación profesional, que ese es justamente su propósito.
Las universidades están abarrotadas de personas que no buscan el conocimiento, sino un bienestar económico. Eso no es culpa de la persona en sí, sino de la cultura que se ha creado alrededor de las universidades y del abandono de la formación profesional como herramienta útil.
Esto lleva a que en la universidad haya gente que no quiere estar ahí, no quiere tragarse 2 horas de clase de algo que piensa que no le sirve, pero está ahí porque necesita trabajar. Solo debería estar en la universidad la persona que está ahí por el conocimiento. No me malinterpretéis, las universidades y el conocimiento tiene que estar a disponibilidad de cualquier persona, independientemente de su nivel socioeconómico, solo que, quién debe estar ahí, es quién realmente anhela el saber.
Esto tiene varias consecuencias, como el abandono temprano de la mayoría de las personas de la carrera, la concepción errónea de que una carrera te va a otorgar un trabajo estable (puede ser en algunos casos, pero no es la función que mejor desempeña), además de un ambiente que no es de afán por la educación, sino de hacer lo mínimo posible para sobrevivir a esta etapa. No hay un aprendizaje y las personas apenas se llevan nada de la carrera porque precisamente no querían hacer la carrera, solo el título para poder vivir de algo.
¿La solución a esto? Poner la formación profesional (FP) en el lugar que se merece.
Se ha dejado la FP como la opción para aquel que no tiene capacidad suficiente para superar un examen de conocimiento general, cuando realmente estos centros son los que deberían estar abarrotados de personas, ya que su función sí que es la inserción laboral y lo hacen con una mayor efectividad que las universidades, ofreciendo más y mejores prácticas (que la mayoría), además de terminar antes la formación.
A través de la mejora de la calidad de los centros de formación profesional, una mayor exposición de ellos, y lo más importante, un cambio en la cultura de las personas, podemos hacer que los centros de formación profesional cumplan su verdadera función: dar trabajo.
Así en las universidades estarían las personas que quieren conocimiento y los centros de formación profesional tendrían a aquellas personas que quieren y necesitan una inserción laboral adecuada.
Si no usamos las herramientas adecuadas para los propósitos adecuados, acabaremos con generaciones frustradas porque no son capaces de encontrar empleo y un desaprovechamiento de recursos brutal.
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