Palabras

Me encantó el libro 1984 de George Orwell. Para mí, fue uno de esos libros que te marcan por dentro y te dejan ideas que calan tan hondo que no puedes dejar de pensar en ellas durante, días, semanas, meses o incluso años. Su manera de ambientar esa sociedad y cómo logra ese sentimiento de asfixia intelectual, que lo puedes respirar incluso a través de las páginas, me fascinó.
Hace poco estuve hablando con un amigo que también se lo había leído. Empezamos a comentar cosas que nos gustaron del libro y, de pronto, habló sobre un concepto, que, a pesar de ser principal en el libro, no le había dado tanta importancia. La llamada neolengua.
Me explicó que fue una de las cosas que más le llamó la atención de la novela, por como eliminan las palabras que no interesan para que no haya manera de definir esas ideas. Si eliminas la palabra libertad, nadie se preguntará que por qué no la tenemos.
Pensé largo y tendido sobre esto y me hice una pregunta: “¿La lengua nos condiciona?”
Poco después de esta conversación, asistí a una clase de cultura en la universidad donde se habló del amor. Os juro que esto está relacionado, de verdad.
Empezaron a hablar de los diferentes tipos de amor, y no sé ni cómo ni por qué, la charla se desvió hacia el griego clásico. Resulta que en el griego separan los diferentes tipos de amor en palabras. No soy experto en griego, así que, si alguien sí que lo es, que me corrija si me equivoco.
Eros es el amor pasional, el que ocurre cuando hay atracción sexual de por medio. Storgé es el amor del ámbito familiar. Philia es el amor que ocurre entre amigos y ágape es el amor incondicional y desinteresado, como el de una madre a un hijo.
Analicé esto y pensé: “En español no tenemos estas distinciones; sin embargo, sí que sentimos diferencia entre los amores. El problema es que no sabemos llevarlo a palabras.”
Ahí conecté todo. El amor hacia tu madre y hacia tu mejor amigo es diferente, pero no sabrías expresar la diferencia si te lo pidiera. Los griegos sí. En el mundo de 1984, probablemente habría alguien con sentimiento de libertad y de individualismo, pero si no eran capaces de ponerlo en palabras, jamás iban a ser capaces de transmitirlo hacia los demás y comenzar una revolución.
El hecho de que nazcamos y crezcamos con unos conceptos en el lenguaje nos limita a nuestra capacidad de actuación. Solo somos capaces de lograr las cosas que podemos llegar a conocer y entender. No podemos tener libertad si ni siquiera tenemos una palabra para ello.
Entonces me pregunto: ¿qué conceptos podríamos manejar si nuestro lenguaje fuera aún más extendido? ¿Qué nuevas ideas surgirían? Quizás, y solo quizás, si nuestro lenguaje fuera más amplio, podríamos llegar a ser una sociedad con mayor bienestar y mejores ideas, más cultura y más educación.
Quizás, y solo quizás, las palabras que tenemos en nuestro lenguaje definen también como somos en la sociedad. ¿Por qué somos así en España y son distintos en Alemania? No digo que sea la única variable, pero es bastante posible.
Parece irónico, ¿verdad? Que algo tan banal como la herramienta que se utiliza para comunicarse entre humanos, pueda cambiar sociedades enteras y limitar la capacidad crítica de las personas.
Y solo son eso: unas cuantas letras unidas de una determinada manera para expresar un significado concreto.
Quizás, y solo quizás, ya vivimos en 1984. Las palabras, quizás, y solo quizás, están limitadas para poder controlarnos. O quizás solo es que le doy demasiadas vueltas a las cosas.
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