El problema de la identidad

Me encantaron los pintxos. De verdad, me parece una idea cojonuda. El hecho de poner una tortilla de patatas con salsa carbonara y queso (por ejemplo) encima de un pan y que solo te cobren 2,80, me parece de las mejores ideas de la humanidad. No sé cómo no se han extendido mundialmente, porque es de las mejores cosas que existen.
Ahora, hay un problema muy grande con los pintxos. Bueno, con ellos no, más con las personas que lo comen. Bueno, en realidad tampoco. Es con todos en general. Pero, primero, doy contexto.
Fui a Bilbao (por eso hablaba de pintxos). El tema es que lo que encontré en Bilbao es el arraigamiento de las ideas de odio a la nación española. Entiendo perfectamente el por qué: la educación. No les culpo. Sin embargo, fue un choque muy duro para mí, que pensaba que las nuevas generaciones eran más abiertas al intercambio de ideas, pero me llevé una decepción.
En el viaje de vuelta fui pensando (tuve que ir 6 horas en coche, había mucho tiempo para pensar). Este sentimiento no es exclusivo de Bilbao, ni de Cataluña, ni de ninguna región independentista. Es un problema global.
Curiosamente, ese odio viene por el amor. El amor a algo más grande que tú. En este caso concreto viene por al amor hacia la nación propia, es decir, yo amo por encima de mí mismo mi nación, lo que me hace grande como persona. Además, algo que es clave, se convierte en parte de su identidad. Hasta aquí tampoco hay ningún problema demasiado grande, sino que la causa de conflicto aparece cuando se entiende mal el amor.
Aquí desarrollo el que creo que es el pensamiento lógico que sucede en la mente de las personas que aman algo por encima de ellos mismos. “Amo X, lo que me convierte a mí en un defensor fiel de X. Al ser un defensor fiel de X, debo odiar todo aquello que lo contrapone directamente.”
Al realizar este ejercicio mental, entendemos muchos conflictos del mundo. Los del Madrid son del Madrid, por lo que tienen que odiar al Barça, que lo contrapone directamente. Esto nos lleva a la sencilla conclusión de por qué los vascos odian España (o al menos esa es la sensación que me transmitió el entorno con el que me relacioné allí). Pero no es solo extraíble a equipos de fútbol o nacionalismos, sino también a política, religión y un largo etcétera.
¿Y por qué es tan importante esta identidad? Porque sin ella nos sentimos huérfanos. Es una necesidad primordial del ser humano. Sin identidad, tenemos un hueco en el alma que nada nos puede llenar. Necesitamos ser españoles, de derechas y del Madrid. O catalanes, de izquierdas y del Barça. Sí, los ejemplos han sido de estereotipos, ya lo sé. Pero la realidad es esta: nos hace falta la identidad.
Al asentar estos pensamientos como parte de nosotros, hay un problema grande. Cuando esto se cuestiona, sentimos que se cuestiona nuestra persona. Es decir, si cuestionas al Madrid al decir que roba, nos alteramos porque sentimos que nos está llamando ladrones por ser parte del Madrid (aunque en sí no lo seamos).
Esto explica una multitud de problemas en la sociedad. La famosa frase de: “En la mesa no se habla de política, fútbol ni religión” viene justamente por esto. Porque no podemos aceptar que se cuestione nuestra persona, que es justamente nuestras ideas. Y lo que es aún peor: no da pie al debate.
Si yo me siento comunista y alguien habla de por qué el libre mercado es mejor, probablemente primero intentaré argumentar de manera razonada por qué esto no es así (si eres una persona medianamente racional). Sin embargo, si llega un punto que sus argumentos me sobrepasan, me enfadaré y dejaré el debate racional a un lado. Pasaré a los insultos personales, a cerrarme en banda y a no aceptar ningún argumento suyo. No los acepto porque aceptarlos significaría que mi identidad no es válida, es decir, yo no soy válido.
Por esto, los de izquierdas y derechas generalmente no pueden exponer puntos de vista contrapuestos y llegar a una conclusión lógica, sino que se ataca a la persona en lugar de discutir sobre política.
Si esto solo lo supiera yo, tampoco pasaría nada. Sería una información privilegiada que quizás usaría para mi beneficio, o quizás no. El problema es que no es así. Los dirigentes de partidos políticos lo saben, y por ello se esfuerzan tanto en que te sientas alineado con los valores de un partido, porque así serás “uno de los suyos”.
Esto deriva a confrontaciones sociales, polarización y a la manipulación emocional por parte de la clase política. Y, por supuesto, los únicos que sacan beneficio de ello, son los políticos.
Si estamos enfrentados, no nos fijamos en los problemas reales que tenemos en nuestro país. Simplemente miramos que el de mi izquierda es rojo o que el de mi derecha es facha. Así, pueden manipular libremente la opinión pública y hacer que se centre en nimiedades mientras un país puede estar al borde del colapso.
Por favor, reconocer vuestras identidades propias y no dejéis que se apoderen de vuestra persona. El único rasgo que debería ser identificativo en todos es el pensamiento crítico y la capacidad de reconsiderar nuevos puntos de vista. Si consigues integrar esta capacidad dentro de ti, nadie te podrá arrebatar la habilidad para discernir entre lo que es importante y lo que no, y créeme, únicamente con esto se puede lograr algún cambio.
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