Lo que me ha enseñado «Rebelión en la Granja»
Todas las formas de gobierno tienen algún tipo de injusticia. Es imposible crear una manera de gobernar donde todo el mundo sea igual y nadie tenga beneficios por encima de otros, por esta sencilla razón: el ser humano se corrompe ante el poder. Y no solo eso, cualquier sistema, incluso sin corrupción, provoca que unos pocos tengan poder de decisión sobre unos muchos, lo que ya les da una ventaja sobre el resto.
Aunque esto no es exactamente de lo que trata Rebelión en la Granja de George Orwell, sino más de la corrupción de las personas que están al poder. ¿Por qué quién gobierna siempre es el que menos escrúpulos tiene? Sencillo. Es más fácil tomar decisiones difíciles sin empatía. Es mucho más fácil hacer lo que haga falta para llegar al poder cuando no tienes un marco moral, sino solo el objetivo de conseguir lo que tú quieras.
No solo eso, sino que cuanto más tiempo estés en el poder, más se relativizan los problemas de la gente y más te importa tu propio bien. Nada más atrapar con tus propias manos el gobierno de un país, quizás todavía te importen los ciudadanos y sus problemas. Sin embargo, con el paso implacable del tiempo, esos quebraderos de cabeza que antes te parecían fundamentales, pasan a ser tareas del día a día que ya se solucionarán.
Luego llega rápidamente la corrupción. Te das cuenta de lo fácil que es conseguir que tú y los tuyos tengáis una mejor vida. Quizás al principio solo es un contacto que ayuda a que tu madre tenga el mejor médico para una operación importante, pero luego vas banalizando el hecho de usar tu posición para favorecerte. Consigues influencia económica, sabes información privilegiada o incluso te haces directamente con fondos públicos. Y por supuesto, los tuyos tendrán los puestos de trabajo más favorecedores y quizás no tienen que hacer nada.
Aunque no lo creáis, sigo hablando de Rebelión en la Granja. No tengo en mente ningún gobierno actual o pasado, por muchos ejemplos que haya a disposición.
Pero lo más preocupante es la tergiversación de la verdad. La realidad se dobla ante ti, siendo capaz de moldearla a tu antojo. Lo que antes era fundamental, ahora es prescindible. Lo que antes era un escándalo, ahora es un pequeño error. Quieres, no, necesitas que las personas crean fervientemente en tu verdad. Para ello, usas todos los medios que tengas a tu disposición. No solo modificas y compras la prensa, sino que haces el pasado confuso. Falseas datos, creas mentiras sobre cómo ahora vivimos mucho mejor, resaltas las bondades de tu gobierno, mientras calificas al resto como demonios que piensan destruir el país.
Si eres capaz de hacerlo con la suficiente discreción y distraes fácilmente la opinión pública, serás capaz de lograr que, a pesar de hacer todo mal, las personas te soporten. Ten en cuenta que jamás la masa pública te amará, nunca lo hace con nadie durante demasiado tiempo. La clave es que no te odien lo suficiente como para querer derrocarte, y que seas la opción menos mala para ellos.
Recuerdo que sigo sin hablar de un ejemplo concreto, sigo hablando de Rebelión en la Granja, aunque se podrían dar mil. Es triste, ¿verdad? Pero más triste es la idea de que es posible que con un golpe de suerte, todo cambie. Seamos realistas, quizás es posible que en un futuro esto no sea así, pero no será pronto ni de golpe. Lo mejor que podemos hacer es ser conscientes de la situación actual, y que nadie nos arrebate la verdad. Si somos capaces de saber cómo estamos y decir que estamos peor o mejor que antes, sabremos diferenciar y no dejarnos llevar por el populismo barato del político de turno que nos quiere engañar. Solo recordando nuestro pasado, reconociendo nuestro presente y sabiendo lo que queremos para el futuro, podremos conseguir que no nos arrebaten la verdad.
Si quieres comprar este maravilloso libro, haz click aquí.
Si quieres que te moleste con reflexiones, suscríbete.



