Mi falta de propósito y la IA

Tengo un problema. Me cuesta encontrar el propósito de mi vida. Sí, la disfruto, pero no sé que quiero hacer con ella. A pesar de tener el sentimiento de querer hacer algo grande, no puedo dejar de cuestionarme la utilidad de lograr algo grande. Además de orgullo al mirar al pasado, lograr “algo grande” no es más que la necesidad imperante de satisfacer nuestro ego. Queda simplemente ahí. No llega a nada más. Queremos sentirnos queridos por los demás. Que digan lo guapos y buenos que somos porque hemos logrado cosas buenas. ¿Pero de qué sirve realmente?
Cumplir tus objetivos no tiene por qué llevar a la felicidad, el fin último de nuestra existencia. Antes de cumplirlos, había un por qué finito que se le otorgaba a nuestra vida. Sin embargo, tras la euforia de haber logrado el gran objetivo que teníamos en nuestra corta existencia, flotamos como almas en pena al carecer de sentido de vida. Nos hemos arrebatado a nosotros mismos lo único que nos hacía ver la vida con alegría y gracia. Ahora es un agujero vacío mientras esperamos lentamente a caer en las garras de la muerte. Hasta que ponemos otro objetivo. Y nos volvemos a poner en la rueda del hámster.
Claro que, esta falta de sentido que encuentro en mi propia vida no es sólo causada por lo anteriormente dicho. El miedo hacia el futuro es paralizador. Nos mata cualquier posible propósito que tengamos. Pensemos en los posibles futuros dentro de unos años. La IA dominando todos los campos de empleo actuales o una guerra entre grandes potencias que destruya todo. Es muy ilusionante. Entonces, da igual lo que haga. Da igual en lo que me forme, siempre va a haber una IA que lo haga mejor que tú. O al menos la habrá. Nos consolamos con vagas afirmaciones sobre que las máquinas jamás podrán reemplazar la gran esencia humana. Y me pregunto, ¿qué nos hace diferentes a los humanos de las máquinas?
Nuestra capacidad de transmitir emociones. Pero claro, si la IA reconoce qué cosas son capaces de hacernos tilín en nuestro pequeño corazoncito, las extrapolará para crear obras de arte tanto visuales como auditivas para deleitar nuestros sentidos, perfeccionándose al punto de no poder reconocer una obra artificial de original. Vale, entonces nuestra creatividad. Somos capaces de lograr cosas que nadie jamás a imaginado. De acuerdo, hasta que la IA pueda lograr crear imágenes, vídeos, textos o sonidos jamás antes vistos. Ups, ya lo hace. Entonces, nos queda solo una cosa. Nuestra capacidad crítica.
La capacidad de ver algo y decir: “Eso está mal”. Es lo único que arroja un atisbo de luz dentro de esta oscura cueva del futuro. La IA jamás será capaz de reconocer por sí misma la moralidad, ni preguntarse realmente qué está bien y qué está mal. A pesar de que pueda aceptar algún tipo de marco moral existente aceptado por la mayoría de las personas, no puede cambiar ese marco moral de forma autónoma. Nosotros sí.
Vale, vale, pero todo esto, ¿qué tiene que ver con el propósito? Pues que el único sentido cuerdo que se le puede otorgar en la sociedad actual a la vida es la crítica. La lucha por la verdad y la justicia. La lucha por saber qué está bien y qué está mal. El grito de libertad ante los barrotes impuestos.
Así que, la única manera de vivir que encuentro es luchar por la verdad, ese fin inagotable que jamás puede llegarse a cumplir, pero que cada vez estaremos más cerca de él.
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