Las cucarachas y la moral

¿Por qué no te gustan las cucarachas?
Fácil. Porque son feas.
Nos parecen asquerosas con sus patitas que se mueven y sus feas alas marrones. Además, te saltan encima y dan un tremendo asco. Ojalá no existieran.
¿Por qué te gustan las mariposas?
Fácil. Porque son bonitas.
Tienen sus majestuosas alas con vivos colores y las baten con tanta majestuosidad. Una vez se me posó una en el dedo y fue bellísimo.
Pero, espera un momento. Ambos son insectos, ambos tienen 6 patas y ambos tienen alas. Entonces, ¿por qué uno nos da asco y otro nos agrada tanto?
La diferencia, cómo no, está en la estética. Esta, a pesar de ser subjetiva, tiene unos estándares básicos para la mayoría de los seres humanos. Nos gustan las cosas con formas geométricas marcadas, con colores vivos y con una buena composición entre las partes. Lo que encontramos desproporcionado, con partes que a nuestro gusto no encajan entre sí, lo consideramos feo.
¿Y esto importa por algo? Sí.
¿Cómo tratas a la cucaracha? Cada vez que la ves, la intentas matar (pobrecita). La persigues por toda la casa, o, por el contrario, te aterra y sales huyendo despavorido de ella.
En cambio, si ves una mariposa, vas con un sumo cuidado para no ocasionarle ningún daño, la observas con emoción, e incluso intentas fotografiarla.
El punto de esto no es si tratas bien o mal a los insectos, aunque eso también sería un tema cuanto menos interesante, sino que la moral atiende a criterios estéticos.
Seamos honestos: tratamos mejor a la gente atractiva. No es muy correcto según la moral, pero sí es cierto. Generalmente por sexo, aunque muchas veces solo es porque preferimos rodearnos de gente atractiva. Si te ven al lado de gente atractiva, ganas estatus y respeto.
Nos gusta lo atractivo, pero más aún que se nos relacione con ello.
Aunque no solo eso, también nos gusta que las personas atractivas nos traten bien. Si estamos al lado de alguien muy atractivo y además somos su ojito derecho, nos sentimos mejor que si alguien feo nos tratara demasiado bien (incluso nos podremos sentir acosados). Otra vez, no muy correcto según la moral.
Porque en el fondo, aunque no lo admitamos, el físico importa, y mucho. Nos importa cómo de guapos somos, nos importa cómo de guapos son los de nuestro alrededor y nos importa que las personas que consideramos atractivas nos traten bien. Por el contrario, no nos gusta nada que tenga que ver con lo feo. Ni vernos feos, ni que nuestros amigos sean feos ni gustarles a los feos (no nos sentimos ni halagados, es más, nos sentimos repelidos).
En definitiva, lo feo no nos atrae, por más que queramos aceptarlo a través de la racionalización. Somos humanos, y los humanos, por desgracia, discriminamos por instinto.
Si quieres que te moleste con reflexiones, suscríbete.






