La memorización y porqué creemos que no sirve.

No nos gusta memorizar información. Nos parece banal y sin utilidad alguna, ya que tenemos cientos de maneras de almacenarla sin usar nuestra cabeza, tanto libros como ordenadores pueden hacer esa ardua tarea en la que apenas recae algo de utilidad.
Este fenómeno del rechazo hacia la memorización está cobrando gran fuerza en la mayoría de los sistemas educativos, propugnando un cambio progresivo hacia el razonamiento y el procesamiento de la información, haciendo uso de ella, pero sin memorizarla. Esto se debe a la actual sociedad, la cual se desprende de esta característica intelectual ante su inutilidad, debido a las herramientas anteriormente mencionadas.
Sin embargo, ¿sirve de algo realmente memorizar? ¿Está la educación, de una vez por todas, apuntando en la dirección correcta?
No seré yo, ni mucho menos, el que dirá que es incorrecto enseñar a los niños a razonar. Era uno de los principales problemas del sistema educativo. Sin razonamiento, somos simples máquinas que hacen lo que se les dice. La inclusión de las asignaturas de humanidades como la filosofía, la literatura y la historia, deberían de ser la base de este novedoso método de enseñanza.
Sin entrar en detalle sobre si realmente se está efectuando este cambio en la educación (no, más bien al contrario, cada vez hay menos asignaturas de corte humanístico, cosa que no incita a la reflexión), me gustaría analizar esta demonización de la memorización. ¿Por qué razón rechazamos con vehemencia la memorización? ¿Por qué no nos gusta?
La principal premisa de esta nueva corriente educativa se basa en que es inútil. Nos resulta pesada, ardua y sin sentido alguno. Pero se olvidan de un pequeño detalle. El conocimiento es axiomático.
Me explico. Para poder escribir, yo necesito conocer primero las letras del alfabeto. Una vez que ya me he familiarizado con ellas, ya puedo continuar a como se combinan creando palabras, con sus distintos significados. Posteriormente, puedo llegar a escribir oraciones y textos con estas palabras para dar lugar a ideas más desarrolladas. Pero sin letras, no puedo hacer un texto.
Esta es la sorprendente contradicción que encontramos en la crítica a la memorización. Nos encontramos a los conceptos de razonamiento y memorización como contrapuestos, cuando son sinérgicos. Es decir, a más palabras memorizadas, mejores textos podré lograr. A más conocimiento histórico, mejor podré describir el comportamiento humano a lo largo de los años.
La segunda premisa es que, si el móvil ya puede acceder a toda la información que quiera, ¿para qué la voy a saber yo? Mientras que es cierto que tenemos el conocimiento de miles de años a nuestra mano, si no sabemos absolutamente nada de algo y solo lo buscamos cuando es necesario, nuestro conocimiento y por lo tanto nuestro razonamiento, es incapaz de avanzar. Pongamos el ejemplo de la historia. Si yo no sé nada de la Segunda Guerra Mundial, buscaré en la red información sobre ella. Si encuentro datos interesantes sobre este período, pero simplemente dejo que ese conocimiento no me traspase, la próxima vez que quiera volver a saber algo, volveré a buscar en el mismo sitio, sin ahondar más en detalles que previamente ya conocía.
Es decir, es necesaria la memorización para tener conocimientos profundos, y, por lo tanto, razonamientos, de cualquier tema. Sin memorización, nos conformamos con llegar al conocimiento básico tras una búsqueda, no ahondamos, lo que nos lleva a peores razonamientos y opiniones al respecto, ya que no podemos generar opiniones profundas sin una buena cantidad de información.
No solo esto, sino que, al no potenciar la memorización, atrofiamos partes de nuestro cerebro que están dedicadas al almacenamiento de la información, lo que nos lleva a (adivinarlo vosotros), a un peor razonamiento ya que no utilizamos tanto el cerebro como cuando sí que teníamos que memorizar.
Al contrario de lo que esto parece, no es una oda a la memorización, sino un tratado de paz para que finalice esta guerra hacia la memoria y comprender que, no hay razonamiento sin memorización, por lo que ambas deben de ser potenciadas. Si no, acabaremos con información básica y chapurreada sobre cada tema, con reflexiones superficiales y sin ningún tipo de trascendencia y un cerebro aún más atrofiado, ya que no lo podremos usar ni para razonar ni para memorizar.
Recordad: sin memorización no hay reflexión, y sin reflexión nos quedamos indefensos ante manipulaciones emocionales e injusticias. No dejéis que os puedan manipular porque no vais armados con la suficiente información.
Si quieres que te moleste con reflexiones, suscríbete.






