La democracia y por qué no es lo que queremos
La democracia. Un sistema por el que se ha luchado hasta la extenuación para acabar con los autoritarismos y absolutismos. Gracias a él, nos puede gobernar quien queramos. Sin embargo, nos gobiernan personas que no nos gustan (al menos en España).
Entonces, ¿qué pasa con la democracia?

Aquí hay un gran problema.
La democracia está mal hecha.
No me matéis todavía, dejarme desarrollarlo, hombre.
Partimos de la base de que la clave de la democracia es el sufragio universal, es decir, todo el mundo puede votar, es decir, las masas eligen al representante. ¿Y qué ocurre con las personas de a pie? Que, lógicamente, se centran en los problemas que tienen actualmente.
Se centran en que les falta dinero, en que su padre cobre la pensión, en que no les echen del trabajo y en hacer lo posible para que su familia vaya adelante. Por lo tanto, ¿a quién van a votar? A la persona que más facilidades les dé y haga más políticas populistas.
Es decir, nosotros como ciudadanos, somos cortoplacistas. Y es lo normal. Nos centramos en el aquí y ahora. Necesitamos asegurarnos la supervivencia. No nos importan las relaciones geopolíticas a largo plazo o las políticas comerciales, realmente nos interesa lo que nos afecta.
Por lo tanto, votamos a la persona que sea capaz de solucionar nuestros problemas del corto plazo (o prometa que lo va a hacer). Es como si en una empresa, los empleados votaran al CEO. Suena muy bien, el problema es que entonces el CEO será el que se preocupe por las máquinas de café, se preocupe de que todos los empleados salgan a su hora y que tengan más vacaciones, y no el que se preocupa de la calidad del producto y su política de marketing.
Obviamente no se puede gobernar un país como una empresa, pero si que tiene sus parecidos. Hace falta alguien con visión largoplacista y no que solo ponga tiritas a una herida de bala.
No solo eso, sino que las masas son manipulables con mensajes de odio o con noticias recientes, así que, si no te interesa que se centren en un problema estructural del país o de la economía, pones una noticia jugosa sobre la mesa como un pico del presidente de la Federación Española de Fútbol y una jugadora, y te quitas problemas de encima.
A lo que quiero llegar es que la política no es política, es marketing. Es decir que te voy a ayudar en lo que te interesa (te doy dinero para que vayas al cine o para gastártelo en videojuegos) y te vendo que el otro es malo malísimo.
Pero es que es aún peor. No es solo marketing, sino que las personas vamos con un partido. Es decir, nos sentimos identificados con el partido. Nos afiliamos a sus ideas y las defendemos a capa y espada. Somos de un partido. Y eso hace que, a no ser que haya un giro dramático de los acontecimientos, vamos a morir votando a ese partido.
Eso es la democracia. Vender ideas y poner parches a un barco hundiéndose. Hacer medidas para la gente y no para el país. Ese es el sistema por el que tanto hemos luchado. ¿Realmente queremos esto?
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