Cómo no procrastinar: Esta no es la guía que necesitas
No procrastines

Produce más. Saca más de ti. Sé tu mejor versión.
¿Cuántas veces habéis oído este tipo de eslóganes y mensajes últimamente? Probablemente demasiadas.
Tanto en redes sociales como en la vida cotidiana se ha establecido como precepto que para ser feliz tienes que hacer más cosas y ser mejor de lo que eras ayer. Esto no solo lo apoyan los 4 gurús de turno en internet, sino que también unos cuantos libros de autoayuda y personas de “gran autoridad” en diferentes charlas sobre procrastinación y productividad.
Todos intentar resolver la misma cuestión al fin y al cabo:
¿Cómo no procrastinar? ¿Cómo aprovecho más mi tiempo?
Antes de seguir, quiero aclarar algo. Tienes que hacer algo con tu vida. Tienes que ser productivo para conseguir grandes cosas en tu vida. Trabajar en proyectos personales o profesionales requiere productividad y muchas veces se requiere eliminar parte de la procrastinación y mejorar tu productividad. Es cierto que necesitas aprender a cómo no procrastinar y aprovechar tu tiempo.
Sin embargo, lo que consigue realmente esta filosofía moderna de la productividad no es que aprendas a mejorar como persona tanto personal como profesionalmente, sino una sensación de malestar cada vez que tu cuerpo pide descanso y una mentalidad obsesiva hacia el trabajo. ¿Esto qué consecuencias tiene en nuestras vidas?
Pues bien. Si te tumbas al sofá y ves una serie o te pones a ver las redes, vas a estar pensando en las tareas que tienes pendientes y lo que podrías estar adelantando en ese preciado tiempo, por lo que tu mente no va a descansar. Pero es peor aún. Como no has descansado en el tiempo que te habías asignado para relajarte, cuando te pongas a trabajar tu mente no va a estar al 100% durante el período de concentración, por lo que no vas a adelantar todas las tareas que preveías. Y más aún, como no has realizado todo lo que querías, vas a estar frustrado contigo mismo, lo que lleva a una constante frustración.
Es como el pez que se muerde la cola. Cuando estás descansando, piensas en trabajar, y como no has descansado bien, no trabajas bien, entonces te cansas más y tienes que descansar, y sigues pensando en el trabajo. Es un pensamiento que recorre tu mente constantemente: «¿Cómo no procrastinar? ¿Cómo puedo ser más? Tengo que aprovechar más mi tiempo.»
Y esto sucede porque no se acepta algo fundamental del humano. Somos vagos. A excepción de unos pocos capaces de ser constantemente productivos durante el día, nos gusta vaguear. Queremos descansar y posponer las tareas porque nuestro cerebro está configurado para sobrevivir gastando la mínima cantidad de energía y recursos posibles.
Tenemos que abrazar esta parte de nosotros. Aceptarla. Saber que descansamos y que probablemente no seamos capaces de lograr cumplir todo todos los días. Tenemos días malos. Y eso no nos tiene que frustrar. Nos tiene que hacer entender el concepto clave: somos humanos, no somos perfectos.
En el momento que la sociedad moderna acepte que la productividad extrema no es el camino, sino la conciliación del ocio y el trabajo, podremos ser, al menos, un poquito más felices.
Si quieres que te moleste con reflexiones, suscríbete.






